miércoles, 6 de marzo de 2013

Intelectuales y artistas del mundo lamentan la muerte de Chávez



Silvio Rodríguez afirmó que la luz de la obra de Hugo Chávez aliviará nuestras tristezas. (Foto: @silviofilia)
Los intelectuales y artistas del mundo lamentaron este miércoles la muerte del presidente venezolano Hugo Chávez, y destacaron que su legado aún sigue vigente.
El intelectual argentino Atilio Borón escribió: ”Uno no puede dejar de maldecir el infortunio que priva a Nuestra América de uno de los pocos “imprescindibles”, al decir de Bertolt Brecht, en la inconclusa lucha por nuestra segunda y definitiva independencia”.
En ese mismo sentido se pronunció el intelectual argentino, Horacio González, al afirmar: “Golpea ahora con un repentino estrépito saber que no volveremos a escuchar esas frases (...) donde se lo podía escuchar citando a Gramsci con un candor de estudiante y luego percibir que sin abandonar las napas profundas del habla popular caribeña, dejaba saber que hacía flotar sobre la contemporaneidad venezolana la antigua palabra socialismo”.
En tanto que el sociólogo y escritor James Petras resaltó que “su legado de salvar la vida de millones de venezolanos sigue vigente, al igual que su lucha contra el antimperialismo y por un mundo más justo”.
El ex primer mandatario norteamericano Jimmy Cartel subrayó: “El presidente Hugo Chávez será recordado por su audaz defensa de la autonomía e independencia de los Gobiernos latinoamericanos y por su formidable capacidad de comunicación y conexión personal con sus partidarios, tanto en su país como en el extranjero".
Por su parte, el actor norteamericano Sean Penn afirmó: “Hoy la gente de Estados Unidos ha perdido un amigo que nunca supo que tenía. Y la gente pobre del resto del mundo ha perdido a un campeón. Mis pensamientos están con la familia del presidente y con la gente de Venezuela"
En tanto que el  director de Al Sur de la Frontera, Oliver Stone, expresó lloro por un gran héroe para la mayoría de su gente y los que sufren por encontrar su lugar en el mundo. Odiado por las clases dominantes, Chávez vivirá para siempre en la Historia. Mi amigo, descansa finalmente en una paz ganada desde hace mucho.
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¡Gloria al bravo Chávez!, de Atilio Boron

Foto: ¡Gloria al bravo Chávez!, de Atilio Boron 

Cuesta muchísimo asimilar la dolorosa noticia del fallecimiento de Hugo Chávez Frías. No puede uno dejar de maldecir el infortunio que priva a Nuestra América de uno de los pocos “imprescindibles”, al decir de Bertolt Brecht, en la inconclusa lucha por nuestra segunda y definitiva independencia. La historia dará su veredicto sobre la tarea cumplida por Chávez, aunque no dudamos que será muy positivo. Más allá de cualquier discusión que legítimamente puede darse al interior del campo antiimperialista –no siempre lo suficientemente sabio como para distinguir con claridad amigos y enemigos- hay que partir reconociendo que el líder bolivariano dio vuelta una página en la historia venezolana y, ¿por qué no?, latinoamericana. Desde hoy se hablará de una Venezuela y Latinoamérica anterior y de otra posterior a Chávez, y no sería temerario conjeturar que los cambios que impulsó y protagonizó como muy pocos en nuestra historia llevan el sello de la irreversibilidad. Los resultados de las recientes elecciones venezolanas –reflejos de la maduración de la conciencia política de un pueblo- otorgan sustento a este pronóstico. Se puede desandar el camino de las nacionalizaciones y privatizar a las empresas públicas, pero es infinitamente más difícil lograr que un pueblo que adquirió conciencia de su libertad retroceda hasta instalarse nuevamente en la sumisión. En su dimensión continental, Chávez fue el protagonista principal de la derrota del más ambicioso proyecto del imperio para América Latina: el ALCA. Esto bastaría para instalarlo en la galería de los grandes patriotas de Nuestra América. Pero hizo mucho más.

Este líder popular, representante genuino de su pueblo con quien se comunicaba como nunca ningún gobernante antes lo había hecho, sentía ya de joven un visceral repudio por la oligarquía  y el imperialismo. Ese sentimiento fue luego evolucionando hasta plasmarse en un proyecto racional: el socialismo bolivariano, o del siglo veintiuno. Fue Chávez quien, en medio de la noche neoliberal, reinstaló en el debate público latinoamericano -y en gran medida internacional- la actualidad del socialismo. Más que eso, la necesidad del socialismo como única alternativa real, no ilusoria, ante la inexorable descomposición del capitalismo, denunciando las falacias de las políticas que procuran solucionar su crisis integral y sistémica preservando los parámetros fundamentales de un orden económico-social históricamente desahuciado. Como recordábamos más arriba, fue también Chávez el mariscal de campo que permitió propinarle al imperialismo la histórica derrota del ALCA en Mar del Plata, en Noviembre del 2005. Si Fidel fue el estratega general de esta larga batalla, la concreción de esta victoria habría sido imposible sin el protagonismo del líder bolivariano, cuya elocuencia persuasiva precipitó  la adhesión del anfitrión de la Cumbre de Presidentes de las Américas, Néstor Kirchner; de Luiz Inacio “Lula” da Silva; y de la mayoría de los jefes de estado allí presentes, al principio poco propensos –cuando no abiertamente opuestos- a desairar al emperador en sus propias barbas. ¿Quién si no Chávez podría haber volcado aquella situación? El certero  instinto de los imperialistas explica la implacable campaña que Washington lanzara en su contra desde los inicios de su gestión. Cruzada que, ratificando una deplorable constante histórica, contó con la colaboración del infantilismo ultraizquierdista que desde dentro y fuera de Venezuela se colocó objetivamente al servicio del imperio y la reacción.

Por eso su muerte deja un hueco difícil, si no imposible, de llenar. A su excepcional estatura como líder de masas se le unía la clarividencia de quien, como muy pocos, supo descifrar y actuar inteligentemente en el complejo entramado geopolítico del imperio que pretende perpetuar la subordinación de América Latina. Supeditación que sólo podía combatirse afianzando –en línea con las ideas de Bolívar, San Martín, Artigas, Alfaro, Morazán, Martí y, más recientemente, el Che y Fidel- la unión de los pueblos de América Latina y el Caribe. Fuerza desatada de la naturaleza, Chávez “reformateó” la agenda de los gobiernos, partidos y movimientos sociales de la región con un interminable torrente de iniciativas y propuestas integracionistas: desde el ALBA hasta Telesur; desde Petrocaribe hasta el Banco del Sur; desde la UNASUR y el Consejo Sudamericano de Defensa hasta la CELAC. Iniciativas todas que comparten un indeleble código genético: su ferviente e inclaudicable antiimperialismo. Chávez ya no estará entre nosotros, irradiando esa desbordante cordialidad; ese filoso y fulminante sentido del humor que desarmaba los acartonamientos del protocolo; esa generosidad y altruismo que lo hacían tan querible. Martiano hasta la médula, sabía que tal como lo dijera el Apóstol cubano, para ser libres había que ser cultos. Por eso su curiosidad intelectual no tenía límites.

En una época en la que casi ningún jefe de estado lee nada -¿qué leían sus detractores Bush, Aznar, Berlusconi, Menem, Fox, Fujimori?- Chávez era el lector que todo autor querría para sus libros. Leía a todas horas, a pesar de las pesadas obligaciones que le imponían sus responsabilidades de gobierno. Y leía con pasión, pertrechado con sus lápices, bolígrafos y resaltadores de diversos colores con los que marcaba y anotaba los pasajes más interesantes, las citas más llamativas, los argumentos más profundos del libro que estaba leyendo. Este hombre extraordinario, que me honró con su entrañable amistad, ha partido para siempre. Pero nos dejó un legado inmenso, imborrable, y los pueblos de Nuestra América inspirados por su ejemplo seguirán transitando por la senda que conduce hacia nuestra segunda y definitiva independencia. Ocurrirá con él lo que con el Che: su muerte, lejos de borrarlo de la escena política agigantará su presencia y su gravitación en las luchas de nuestros pueblos. Por una de esas paradojas que la historia reserva sólo para los grandes, su muerte lo convierte en un personaje inmortal.  Parafraseando al himno nacional venezolano: ¡Gloria al bravo Chávez! ¡Hasta la victoria, siempre, Comandante!


Cuesta muchísimo asimilar la dolorosa noticia del fallecimiento de Hugo Chávez Frías. No puede uno dejar de maldecir el infortunio que priva a Nuestra América de uno de los pocos “imprescindibles”, al decir de Bertolt Brecht, en la inconclusa lucha por nuestra segunda y definitiva independencia. La historia dará su veredicto sobre la tarea cumplida por Chávez, aunque no dudamos que será muy positivo. Más allá de cualquier discusión que legítimamente puede darse al interior del campo antiimperialista –no siempre lo suficientemente sabio como para distinguir con claridad amigos y enemigos- hay que partir reconociendo que el líder bolivariano dio vuelta una página en la historia venezolana y, ¿por qué no?, latinoamericana. Desde hoy se hablará de una Venezuela y Latinoamérica anterior y de otra posterior a Chávez, y no sería temerario conjeturar que los cambios que impulsó y protagonizó como muy pocos en nuestra historia llevan el sello de la irreversibilidad. Los resultados de las recientes elecciones venezolanas –reflejos de la maduración de la conciencia política de un pueblo- otorgan sustento a este pronóstico. Se puede desandar el camino de las nacionalizaciones y privatizar a las empresas públicas, pero es infinitamente más difícil lograr que un pueblo que adquirió conciencia de su libertad retroceda hasta instalarse nuevamente en la sumisión. En su dimensión continental, Chávez fue el protagonista principal de la derrota del más ambicioso proyecto del imperio para América Latina: el ALCA. Esto bastaría para instalarlo en la galería de los grandes patriotas de Nuestra América. Pero hizo mucho más.

Este líder popular, representante genuino de su pueblo con quien se comunicaba como nunca ningún gobernante antes lo había hecho, sentía ya de joven un visceral repudio por la oligarquía y el imperialismo. Ese sentimiento fue luego evolucionando hasta plasmarse en un proyecto racional: el socialismo bolivariano, o del siglo veintiuno. Fue Chávez quien, en medio de la noche neoliberal, reinstaló en el debate público latinoamericano -y en gran medida internacional- la actualidad del socialismo. Más que eso, la necesidad del socialismo como única alternativa real, no ilusoria, ante la inexorable descomposición del capitalismo, denunciando las falacias de las políticas que procuran solucionar su crisis integral y sistémica preservando los parámetros fundamentales de un orden económico-social históricamente desahuciado. Como recordábamos más arriba, fue también Chávez el mariscal de campo que permitió propinarle al imperialismo la histórica derrota del ALCA en Mar del Plata, en Noviembre del 2005. Si Fidel fue el estratega general de esta larga batalla, la concreción de esta victoria habría sido imposible sin el protagonismo del líder bolivariano, cuya elocuencia persuasiva precipitó la adhesión del anfitrión de la Cumbre de Presidentes de las Américas, Néstor Kirchner; de Luiz Inacio “Lula” da Silva; y de la mayoría de los jefes de estado allí presentes, al principio poco propensos –cuando no abiertamente opuestos- a desairar al emperador en sus propias barbas. ¿Quién si no Chávez podría haber volcado aquella situación? El certero instinto de los imperialistas explica la implacable campaña que Washington lanzara en su contra desde los inicios de su gestión. Cruzada que, ratificando una deplorable constante histórica, contó con la colaboración del infantilismo ultraizquierdista que desde dentro y fuera de Venezuela se colocó objetivamente al servicio del imperio y la reacción.

Por eso su muerte deja un hueco difícil, si no imposible, de llenar. A su excepcional estatura como líder de masas se le unía la clarividencia de quien, como muy pocos, supo descifrar y actuar inteligentemente en el complejo entramado geopolítico del imperio que pretende perpetuar la subordinación de América Latina. Supeditación que sólo podía combatirse afianzando –en línea con las ideas de Bolívar, San Martín, Artigas, Alfaro, Morazán, Martí y, más recientemente, el Che y Fidel- la unión de los pueblos de América Latina y el Caribe. Fuerza desatada de la naturaleza, Chávez “reformateó” la agenda de los gobiernos, partidos y movimientos sociales de la región con un interminable torrente de iniciativas y propuestas integracionistas: desde el ALBA hasta Telesur; desde Petrocaribe hasta el Banco del Sur; desde la UNASUR y el Consejo Sudamericano de Defensa hasta la CELAC. Iniciativas todas que comparten un indeleble código genético: su ferviente e inclaudicable antiimperialismo. Chávez ya no estará entre nosotros, irradiando esa desbordante cordialidad; ese filoso y fulminante sentido del humor que desarmaba los acartonamientos del protocolo; esa generosidad y altruismo que lo hacían tan querible. Martiano hasta la médula, sabía que tal como lo dijera el Apóstol cubano, para ser libres había que ser cultos. Por eso su curiosidad intelectual no tenía límites.

En una época en la que casi ningún jefe de estado lee nada -¿qué leían sus detractores Bush, Aznar, Berlusconi, Menem, Fox, Fujimori?- Chávez era el lector que todo autor querría para sus libros. Leía a todas horas, a pesar de las pesadas obligaciones que le imponían sus responsabilidades de gobierno. Y leía con pasión, pertrechado con sus lápices, bolígrafos y resaltadores de diversos colores con los que marcaba y anotaba los pasajes más interesantes, las citas más llamativas, los argumentos más profundos del libro que estaba leyendo. Este hombre extraordinario, que me honró con su entrañable amistad, ha partido para siempre. Pero nos dejó un legado inmenso, imborrable, y los pueblos de Nuestra América inspirados por su ejemplo seguirán transitando por la senda que conduce hacia nuestra segunda y definitiva independencia. Ocurrirá con él lo que con el Che: su muerte, lejos de borrarlo de la escena política agigantará su presencia y su gravitación en las luchas de nuestros pueblos. Por una de esas paradojas que la historia reserva sólo para los grandes, su muerte lo convierte en un personaje inmortal. Parafraseando al himno nacional venezolano: ¡Gloria al bravo Chávez! ¡Hasta la victoria, siempre, Comandante!

Chávez vive... La lucha sigue!!!!!



NO ES SOLO UN SERVIDOR DEL PUEBLO, NO ES SOLO EL LIDÉR, TAMPOCO ES UN ROBOT QUE NO COMETE ERRORES - ES UN SER HUMANO...!

Daniel Ortega se compromete a continuar sueño impulsado por Chávez



Nicaragua se solidarizó con Venezuela por muerte de Chávez.(Foto: teleSUR)
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, se solidarizó esta noche con la familia del mandatario venezolano, Hugo Chávez, y con todo el pueblo que hoy lamenta la partida del líder de la Revolución bolivariana. Aseguró que “estamos en batalla” y que continuarán avanzando en “ese compromiso historico”.
“Esta noche le decimos al hermano pueblo venezolano que vamos a entregarnos de lleno, con la fuerza de nuestro espíritu, con la fuerza de nuestra acción. Estamos entregados de lleno a seguir librando estas batallas, a darle continuidad a los sueños de Bolívar, a los sueños de Sandino, a los sueños de Martí, a los sueños de Fidel, a los sueños de Hugo Rafael Chávez Frías”.
Desde la Plaza La Revolución, en Managua, Ortega comparó a Chávez con un “héroe” y resaltó su aporte a la integración de América Latina y el Caribe, a través de la creación de mecanismos como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).
“El Presidente estaba trascendiendo con mayor fuerza e iluminando con una luz mucho más intensa; como suelen hacerlo los héroes, los próceres, los libertadores”, dijo Ortega que tildó a Chávez de "libertador de Venezuela y de nuestros pueblos, que estuvo luchando por la unidad latinoamericana y caribeña”.
El mandatario llegó a Venezuela hace dos semanas y fue recluído en el Hospital Militar de Caracas Carlos Árvelo, desde donde saldrá su cuerpo este miércoles para rendirle los honores póstumos.
teleSUR/ao - GP

¡Chávez! Mi Comandante (Versión corta)




YO TENGO UN SENTIMIENTO
QUE ES MUY FUERTE POR MI BANDERA
ES COMO MI PROPIA PIEL

ROMA ‘SE INUNDA’ DE PÓSTERES CON LA IMAGEN DEL QUE PODRÍA SER EL PRIMER PAPA NEGRO




En vísperas del cónclave para elegir al siguiente papa, decenas de pósteres con la imagen de Peter Turkson, de Ghana, aparecieron en Roma. El cardenal ghanés es uno de los favoritos para llegar al trono del Vaticano.
Un grupo de personas desconocidas, armados con cola y carteles, han empapelado toda la capital italiana. La imagen del cardenal ghanés va acompañada de un lema que dice: “En el cónclave vota por Peter Appiah Turkson Kodwo”. Si Turkson es elegido sumo pontífice, sería el primer papa no europeo que dirige la Iglesia católica en más de un milenio.115 cardenales se reunirán en Roma para elegir al futuro inquilino del Vaticano. Este lunes empezarán las congregaciones para el cónclave, por lo que el nombre del sucesor de Benedicto XVI se sabrá en las próximas semanas. La elección se efectúa en un cónclave que, según un Motu Proprio [documento papal] aprobado hace una semana por el entonces santo padre Benedicto XVI, permite adelantar la fecha de votación en caso de que todos los cardenales electores se encuentren en Roma.
El cónclave, que se realiza en el Colegio Cardenalicio, puede durar unas horas o unas semanas ya que no concluye hasta que al menos dos tercios de los cardenales consensúen la elección de un nuevo sumo pontífice.
 ¿Quiénes son los favoritos para el Papado?
De los 115 cardenales que participarán en el cónclave, los favoritos para ser el 286 sucesor de San Pedro son:Peter Turkson es un ghanés de 64 años y es aclamado como el gran candidato africano. Es el presidente del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz del Vaticano.
Marc Ouellet es un canadiense de 68 años. Actualmente ocupa el cargo de prefecto de la Congregación para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina.
Angelo Scola es un italiano de 71 años. Tras ser patriarca de Venecia, fue nombrado arzobispo de Milán en 2011 por el papa Benedicto XVI. Es la esperanza de los italianos para recuperar el trono papal.
Leonardo Sandri es un italo-argentino de 69 años. Nació en Buenos Aires pero es de padres italianos. Actualmente es prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales.
João Braz de Aviz es un brasileño de 65 años. Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.
Luis Tagle es un filipino de 55 años. Lo comparan por su carisma con Juan Pablo II. Es un personaje muy cercano a Benedicto XVI.
Aunque el mayor porcentaje de católicos (40%) se encuentra en el continente americano, es justamente Europa la que cuenta con más representantes.Mientras, el voto de EE.UU. se considera como el segundo más influyente —después del de Italia que cuenta con 28 cardenales— puesto que uno de cada diez de los cardenales que participarán en el cónclave es estadounidense, una cantidad histórica por ser la mayor representación de este país en la elección de un sumo pontífice.
En el siguiente mapamundi se describe la cantidad de católicos bautizados por regiones y el origen de los cardenales electores.
DE: ACTUALIDADRT

Ser como Chávez debe dejar de ser una consigna



Foto: AVN
“Ser como Chávez debe dejar de ser una consigna para ser una realidad, convirtámonos en Chávez”, expresó el presidente de la Asamblea Nacional (AN), Diosdado Cabello, este martes.
Afirmó que hay que ser como el líder de la Revolución Bolivariana “para que el compromiso del presidente no se pierda nunca y podamos tener hoy, mañana y siempre, Patria”.
Indicó que “el presidente fue y es un ser excepcional para nosotros (…) era alguien que siempre daba el ejemplo, el presidente era incapaz de exigirle algo a alguien si el no era capaz de hacerlo”.
Agregó que “Chávez nos dejó el camino adelantando, el camino hecho y nos enseñó a todos que aquí lo fundamental es entregarse en cuerpo y alma al pueblo de Venezuela”.
En ese sentido, Cabello recordó palabras expresadas por el líder de la Revolución Bolivariana: “Declaro que es mi Patria el ideal más sublime de mi vida, a su defensa y desarrollo me consagro integralmente”.
“Nosotros estamos obligados a no fallarle al comandante, no podemos fallarle, aquí se nos tiene que ir la vida a nosotros también”, enfatizó el presidente de la AN.
AVN