jueves, 14 de febrero de 2013

El Betancourt que asumió la Presidencia en 1959 seguía la línea del Pentágono y las transnacionales


Hace 54 años tomó el poder el hombre que pondría el Gobierno al servicio del imperialismo

Ramón Losada Aldana, Luis Britto Gracía, Manuel Carrero y Néstor Rivero explican que el fundador de Acción Democrática comenzó su trayectoria como militante comunista y terminó como cabeza de un proyecto de subordinación colonial a los intereses de EEUU

Hace 54 años, un día como hoy, Rómulo Betancourt asumió la presidencia de la República de Venezuela. Para ese momento ya había suscrito el Pacto de Puntofijo con Rafael Caldera (Copei) y Jóvito Villalba (URD), con lo que dejó en claro su posición anticomunista. Meses después, se revelaría que no admitiría ninguna forma de disidencia de izquierda o progresista que planteara una alternativa a sus políticas, que tenían una marcada carga antipopular y beneficiaban al capital extranjero y al empresariado nacional.

La reacción no se hizo esperar: al mismo tiempo que en las calles se escenificaban grandes protestas en las propias filas de Acción Democrática se producía un fuerte encontronazo entre su fundador y sectores de izquierda y progresistas que rechazaban la orientación de su gobierno. Estaba muy lejos este hombre del militante revolucionario que en 1932 propuso constituir “dentro del PCV un ala oposicionista” o crear “un partido revolucionario, nómbrese o no comunista, en lucha abierta contra la burguesía criolla e imperialista y aspirando a capturar el poder político para desarrollar desde él un programa mínimo revolucionario”.
El Correo del Orinoco le planteó a tres analistas la siguiente pregunta: ¿El Betancourt que en Costa Rica militó en el Partido Comunista, el que creó el ORVE con Alberto Adriani y Picón Salas, el que dio el golpe contra Medina y el que selló el pacto de Puntofijo, son el mismo?
FUE VARIOS PERSONAJES
Ramon Losada Aldana
El sociólogo e historiador Ramón Losada Aldana sostiene que “el Betancourt de Costa Rica, que escribe en el periódico de los comunistas, el militante de ORVE (Movimiento de Organización Venezolana), el que da el golpe contra Medina Angarita y el que suscribe el Pacto de Punto Fijo, constituye, en el terreno de la función histórica, varios personajes diferentes y hasta contrapuestos”.
En esa suerte de avatar político, tendrá relevancia la ruptura con el carácter clasista del partido revolucionario. “El personaje primero, el que escribe en el periódico Trabajo, es el comunista, el hombre de extrema izquierda. El dirigente de ORVE, con fundadores tan moderados como Alberto Adriani y Picón Salas, ya es otro, que opone una agrupación policlasista a la comunista, partido básicamente monoclasista, de la clase obrera. El golpe contra Medina demuestra el fortalecimiento de esta actitud política, la cual culmina con la firma del reaccionario Pacto de Punto Fijo. En síntesis, la historia de Rómulo Betancourt transita un largo camino: va de la extrema izquierda, pasando por situaciones intermedias y exploratorias, hasta el otro extremo, la antipopular, de corte de derecha agresiva. De un extremo a su contrario.”
UN LÍDER EXTREMISTA
Se ha cuestionado si en efecto Betancourt tuvo convicciones como comunista o se camufló para ganar el favor de las fuerzas políticas progresistas del momento. Losada Aldana piensa que ese planteamiento intenta “morigerar e incluso a borrar la condición política de extrema izquierda del dirigente adeco. Hay quienes sostienen que, en realidad, en Costa Rica no existía comunismo, que allí el partido era una organización local, que le era ajena la Internacional Comunista (IC). La verdad es que existía y actuaba el Partido Comunista de Costa Rica, que se autodenominaba “sección de la IC”.
Ese partido, enfatiza Losada, “era un partido marxista, revolucionario, que proclamaba su misión de acabar con el capitalismo e instaurar la sociedad socialista en Costa Rica. Y Betancourt fue realmente uno de sus principales dirigentes durante el período de 1931 a 1935”.
Manuel Carrero
De la autenticidad de la vena marxista de Betancourt tampoco duda el historiador Manuel Carrero: “Cuando él salió al exilio en 1928, se vinculó con los desterrados venezolanos que formaron el Partido Revolucionario Venezolano, y apoyándose en las ideas socialistas de pensadores latinoamericanos – especialmente el peruano José Carlos Mariátegui– se dedicó a estudiar los problemas de Nuestra América. Después se leyó los clásicos del marxismo; Domingo Alberto Rangel decía que él dudaba que hubiesen diez venezolanos que se hubiesen leído El Capital como Rómulo Betancourt”.
Carrero recordó que en Costa Rica, el futuro creador de Acción Democrática fue un dirigente comunista de peso que “escribía reflexiones de la actualidad latinoamericana, sino que además daba charlas en la Universidad de los Trabajadores sobre la situación social y política de América Latina, aunque después esa posición poco a poco se fue torciendo, y llegó a afirmar que trasladar las ideas socialistas para implantarlas en América sería un fiasco, porque eso sería reproducir aquí soluciones que eran para otras realidades”.
Losada Aldana ve en ese tránsito de una posición a otra, un rasgo que define el carácter de Betancourt: “En realidad, no puede dudarse que el líder adeco fue realmente un dirigente extremista: de la extrema izquierda a la extrema derecha, del nacionalismo a la entrega colonialista”.
ANTICOMUNISTA Y PRO YANQUI
En 1936, muerto ya Juan Vicente Gómez, Rómulo Betancourt creó el partido ORVE (Organización Venezolana) junto con Mariano Picón Salas y Alberto Adriani. Así se reintegró a la lucha política en el país, “pero alejado de los marxistas, que se agrupaban en el Partido Republicano Progresista. Definitivamente, ya había renegado de sus pasantías leninistas, así que este no es el mismo Betancourt de Costa Rica”, comenta Manuel Carrero.
Otro historiador, Néstor Rivero; señaló que antes del ORVE Mariano Picón Salas, “quien ya era un destacado intelectual de centro derecha, le recriminó cortésmente a Betancourt en su correspondencia, el radicalismo discursivo, animándole a temperar sus planteamientos, visto el potencial de liderazgo que observaba en el joven como conductor de un movimiento democrático no marxista que dirigiese los destinos de Venezuela una vez desapareciese Gómez”.
“Se puede afirmar que Picón Salas tuvo mucho que ver en el cambio de actitud que asumió Betancourt frente a los modelos políticos que habrían de aplicarse en Latinoamérica y Venezuela”, agregó.
Lo cierto es que cuando dio el golpe de Estado que derrocó a Isías Median Angarita, también era otro, quizás más moderado para entenderse con Adriani y Picón Salas, pero en los hechos más radical frente a sus adversarios: “Para entonces, ya estaba definido como anticomunista, e inclsuo antiandino”, comentó Carrero, quien comentó que “para el año 1941, cuando funda Acción Democrática, Betancourt ya es una ficha de Washington. Ya está ‘convencido’ de la inconveniencia del socialismo para la América Latina y de la necesidad de desenvolverse dentro del liberalismo burgués, armando y reformando lo que fuera necesario. Se ha dicho que para entonces Luis Muñoz Marín (el creador de la fórmula de Estado Libre Asociado para Puerto Rico) lo había recomendado ante el Departamento de Estado”
Luis Britto García
Sobre este viraje, Luis Britto García afirmó categóricamente que “el más claro punto de inflexión de Betancourt se da cuando en 1941 contesta un cuestionario del procurador Luis Gerónimo Pietri a fin de legalizar Acción Democrática, y afirma que el partido no es socialista ni marxista, que no cree en la lucha de clases y que defiende la propiedad privada. Betancourt afirmó luego que tales respuestas eran para ‘engañar’ al Procurador, pero la conducta pública del partido jamás se separó de ellas”.
El rechazo al comunismo y al socialismo que expresaban Betancourt y su partido iba de la mano con una franco acercamiento a las políticas del gran capitalismo estadounidense, como quedó a la vista durante el gobierno de Rómulo Gallegos (1945-48), que siguió al derrocamiento de Medina Angarita: “Bajo el trienio adeco comenzó el proceso por el cual las petroleras estadounidenses desplazaron a las inglesas y holandesas en número e importancia de concesiones. Betancourt invitó a Nelson Rockefeller a invertir en Venezuela, y éste creo aquí la Basic Economic Corporation, que luego fue a dar a manos de Diego Cisneros”, contó Britto García.
Esa alianza le brindó un importante piso político a Betancourt, quien cuando tuvo que volver al exilio a raíz del golpe de Pérez Jiménez contar Gallegos, se valió de esas relaciones para ser él quien organizara el nuevo orden que habría de sustituir al régimen del dictador. De manera que el llamado pacto de Nueva York, base del de Punto Fijo, se concretó para responder a los intereses del capital transnacional estadounidense, al que estaba supeditado. Al respecto, Britto Garcpia señaló:
“El acuerdo político para regir el reparto del poder cuando cayera Pérez Jiménez lo firmó Betancourt en un apartamento de Rockefeller cerca del Central Park. Cuando el magnate venía a Venezuela, no iba a visitar al Presidente Betancourt, sino que este iba a visitarlo a una de sus fincas”.
SERVIDOR DEL IMPERIALISMO
Ramón Losada Aldana advirtió que señalar a Rómulo Betancourt como un agente de las petroleras es incurrir en una simplificació: “Más que agente de las corporaciones petroleras, fue un aliado y un servidor de éstas. Fue aliado y servidor del imperialismo en su conjunto global. La tesonera insistencia en la necesidad de un partido policlasista perseguía determinadas finalidades; entre ellas, el aislamiento del Partido Comunista, colocar un dique de separación entre los trabajadores adecos y los demás, imponer una política antisoviética; es decir, imponer la política del imperialismo”.
“Sobran pruebas de esa alianza. La revista Fortune, alta vocera de los monopolios internacionales, refleja tal situación. En su número de mayo de 1949, dice muchas cosas de máximo elogio a AD y a Betancourt. Se expresa de esta manera: “si no hubiera un ejemplo perfecto de lo que la ayuda técnica y de capital de los E.U. pueden hacer por las regiones atrasadas, habría sido necesario inventar la República de Venezuela”.
Esto, explicó Losada, también respondía a la previsión de Betancourt de anular las fuerzas de izquierda que con seguridad se opondrían férreamente a sus políticas: “Otro aspecto significativo de la alianza con el imperialismo es que le ofrecía seguridad a Betancourt, en su lucha antiguerrillera. En este sentido, la alianza con el gigante del Norte lo resguardaba ante cualquier eventualidad”. De esa manera, señaló, se estableció entre el caudillo adeco y el Pentágono “una subordinación colonialista. En tal sentido remitimos al libro testimonial y de importantísima documentación de Simón Sáez Mérida: La cara oculta de Rómulo Betancourt”.
T/ Carlos ortiz
F/ Cortesía

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